CUANDO SE TUERCE EL DEDO DE DIOS 1ª PARTE

CUANDO SE TUERCE EL DEDO DE DIOS 1ª PARTE

Editorial:
PUNTO ROJO LIBROS
Año de edición:
Materia
Narrativa española e hispanoamericana
ISBN:
978-84-16157-65-5
Páginas:
507
Encuadernación:
Rústica

Era tan grande la violencia en el mundo, que en el cielo acordaron que Dios engendrara un nuevo hijo que nos trajera la paz. Para buscar a la mujer que fuera digna de llevar en su seno al hijo de Dios. Él dispuso formar seis parejas con los doce apóstoles. Mandó una pareja a cada Continente y san Pedro con su hermano, elegirá a la mejor de las cinco propuestas. Al hijo de Dios, desde su nacimiento le asignaron un ángel custodio, que no lo dejaba vivir con tantas prohibiciones. Por su gran inteligencia, consiguió las máximas notas en bachiller y como médico. Se doctoró en el Hospital Anderson de Houston con notas tan altas jamás conocidas. Se hizo famoso en todo el mundo y ganaba mucho dinero, pero prefirió ejercer para los pobres con la Madre Teresa en Calcuta. Escaló una montaña del Himalaya y cayó desde 7.000 metros y se mató. Subió al cielo y discutió con Dios para que lo volviera a la Tierra a curar a los pobres. Dios accedió y le dijo al arcángel devuélvelo a la vida, y déjalo solo, que él lleva mis genes y marchará por el camino del bien. El Demonio estaba a la expectativa y para que pecara, le fue enviando mujeres a cual más guapas y más viciosas. Ejercía en Los Ángeles, curó a la mujer de Ronald Reagan y se hicieron buenos amigos. Hizo el amor con Ava Gadner que era un volcán, y delicioso con Rita Hayworth y muchas más. Era tan guapo, que las mujeres lo tenían acosados. Y el Demonio le mandaba cada vez unas más viciosas, que lo inducían al alcohol, era tanto el deterioro físico, que enfermó de VIH. El siempre había tenido la discusión con Dios como un sueño, porque no podía ser otra cosa: pero lo veía diferente y su madre al morir, sus últimas palabras le dijo: hijo, partiendo un pacto que hice con Dios de no decir a nadie, te digo ¡Dios es tu padre! No podía quitar de su mente, ni creer "la discusión con Dios" y "las palabras de su madre". Estaba enfermo, decrepito; eran tan fuerte el dolor e insistentes el martilleo en su cabeza de ambas cosas, que perdió el conocimiento. Al tercer día despertó sano y eufórico y se dijo: ¡me haré célibe! Y juro por Dios, que jamás volveré hacer el amor con una mujer que no sea la mía. Me voy a la India, de donde no debí salir, a curar a los pobres. ¿Cumplirá el hijo de Dios la misión para la que fue engendrado?