ELLING

ELLING. HERMANOS DE SANGRE

Editorial:
NORDICA LIBROS, S.L.
Año de edición:
Materia
Narrativa extranjera o traducida
ISBN:
978-84-15564-85-0
Páginas:
274
Encuadernación:
Rústica
Colección:
LETRAS NORDICAS

Elling, obra que recibió el Premio de los Libreros de Noruega, nos cuenta las aventuras de uno de los personajes más tiernos y entrañables que ha dado la literatura nórdica en los últimos años. Elling posee una complicada e hiperactiva imaginación y ha sido siempre mimado por su madre, así que, cuando ella muere, le cuesta adaptarse a su nueva vida y es internado en un centro, del que saldrá para compartir un piso tutelado en Oslo junto a su compañero Kjell Bjarne, su hermano de sangre, que es su contrapunto en todos los sentidos, empezando por su enorme diferencia de estatura...
La tetralogía que tiene a Elling como protagonista es una de las obras de mayor importancia en la literatura noruega y se ha publicado en dieciséis países, además de haber sido adaptada con gran éxito al teatro y al cine.
Este libro, que nos atrapa desde la primera página, es una comedia conmovedora e hilarante que se regocija en los pequeños placeres de la vida.

«Divertidísima... Narrada con equilibrio, ritmo e ingenio... ¡Se recomienda sin vacilaciones! »
The Independent

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el 15.10.2012 Por

Fragmento seleccionado:

Me mareé. Me dirigí tambaleante a la cocina y garabateé el poema sobre una vieja lista de la compra. Después me quedé parado, temblando, y entonces llegaron las lágrimas. Un llanto benigno y apacible. Había cometido poesía. Desazonado, me puse a dar vueltas por el salón, mientras leía una y otra vez el poema a media voz. Y cada vez me quedaba más claro que era genial, un puro regalo de Dios. ¿Habría otros allí de donde venía? Casi no me atrevía a albergar esa esperanza. Es cierto que de tanto en tanto había soñado con ser escritor, en mis fantasías me había visto como una especie de cacique de la poesía del siglo pasado, pero sobre todo me había atraído eso de ser escritor. Aunque aparte de algunas anotaciones personales sueltas, y una serie de audaces cartas al director, nunca había llegado muy lejos con la pluma. La poesía nunca me había interesado ostensiblemente, pero la cosa era que ahora había venido a mí. El aliento de algo que era yo mismo, pero al mismo tiempo mayor que yo. Una consecuencia del milagro humano. Lo que nadie es capaz de describir, lo que quizá no debe ser descrito. Me preparé una tetera y volví al sillón. Los gatos seguían dormidos sobre el jersey de Kjell Bjarne y yo me quedé sentado contemplando mis manos, que sostenían la taza, mis pies en las viejas zapatillas en el marco de la ventana con la begonia de invierno muerta. Todo seguía como antes, pero aun así... En aquella habitación acababa de tener lugar una revolución. Veía toda mi vida, todas mis dificultades, todo el dolor, bajo una luz completamente nueva y distinta. Llevaba casi cuarenta años deambulando por esta tierra, ¡sin entender que lo que era, era poeta! ¿Acaso era de extrañar que por el camino hubieran surgido algunos malentendidos, cuando la poesía, mi propia lengua, había permanecido ignorada en mi interior? Cerré los ojos y comencé a pescar en mi interior en busca de más frases buenas, pero no encontré nada. Debo de haberme quedado dormido, porque lo siguiente que recuerdo es ver a Kjell Bjarne ante mí, bostezando como un hipopótamo, mientras se rascaba la espalda. Yo estaba cansado, casi al borde del desmayo, pero aun así no pude reprimir mi curiosidad. Exigí un informe.


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Por Recomendación Librerías Picasso el 15/10/2012

Fragmento seleccionado:

Me mareé. Me dirigí tambaleante a la cocina y garabateé el poema sobre una vieja lista de la compra. Después me quedé parado, temblando, y entonces llegaron las lágrimas. Un llanto benigno y apacible. Había cometido poesía. Desazonado, me puse a dar vueltas por el salón, mientras leía una y otra vez el poema a media voz. Y cada vez me quedaba más claro que era genial, un puro regalo de Dios. ¿Habría otros allí de donde venía? Casi no me atrevía a albergar esa esperanza. Es cierto que de tanto en tanto había soñado con ser escritor, en mis fantasías me había visto como una especie de cacique de la poesía del siglo pasado, pero sobre todo me había atraído eso de ser escritor. Aunque aparte de algunas anotaciones personales sueltas, y una serie de audaces cartas al director, nunca había llegado muy lejos con la pluma. La poesía nunca me había interesado ostensiblemente, pero la cosa era que ahora había venido a mí. El aliento de algo que era yo mismo, pero al mismo tiempo mayor que yo. Una consecuencia del milagro humano. Lo que nadie es capaz de describir, lo que quizá no debe ser descrito. Me preparé una tetera y volví al sillón. Los gatos seguían dormidos sobre el jersey de Kjell Bjarne y yo me quedé sentado contemplando mis manos, que sostenían la taza, mis pies en las viejas zapatillas en el marco de la ventana con la begonia de invierno muerta. Todo seguía como antes, pero aun así... En aquella habitación acababa de tener lugar una revolución. Veía toda mi vida, todas mis dificultades, todo el dolor, bajo una luz completamente nueva y distinta. Llevaba casi cuarenta años deambulando por esta tierra, ¡sin entender que lo que era, era poeta! ¿Acaso era de extrañar que por el camino hubieran surgido algunos malentendidos, cuando la poesía, mi propia lengua, había permanecido ignorada en mi interior? Cerré los ojos y comencé a pescar en mi interior en busca de más frases buenas, pero no encontré nada. Debo de haberme quedado dormido, porque lo siguiente que recuerdo es ver a Kjell Bjarne ante mí, bostezando como un hipopótamo, mientras se rascaba la espalda. Yo estaba cansado, casi al borde del desmayo, pero aun así no pude reprimir mi curiosidad. Exigí un informe.


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