ELOGIO DEL ODIO

ELOGIO DEL ODIO

Editorial:
LUMEN
Año de edición:
Materia
Narrativa extranjera o traducida
ISBN:
978-84-264-1864-7
Páginas:
464
Encuadernación:
Rústica
Colección:
LUMEN

Una novela de iniciación, donde el despertar vital de una adolescente siria se trenza con la difícil situación política de su país.

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el 30.08.2012 Por

Fragmento seleccionado:

Al verla recorrer la habitación, mirar las fotos de aquel hombre y besarlas, comprendí que estaba tan obsesionada con él que no oía ni una sola de mis palabras. Me largué sin decirle adiós. Lloré por las calles, con el rostro tapado y el velo empapado en lágrimas. Me perdí por las calles como si visitara Alepo por primera vez. Nadie había reparado en mi ausencia; los últimos días había pasado mucho tiempo con Alia, la necesitaba sobremanera y deseaba parecerme a ella. En mi interior había surgido una fuerza extraña que me impulsó a dirigirme en el acto a su casa. Las muchachas allí reunidas se sorprendieron al verme llegar antes de lo previsto y Alia me permitió asistir al juicio de Lama, a quien había denunciado su amiga Unud por esconder un álbum de fotos eróticas debajo del manto. Añadió que se veía con un joven cerca de la facultad de letras todos los martes y jueves por la tarde, después de la clase de versificación. Nos instalamos con gran solemnidad, Unud juró sobre el Corán que diría toda la verdad, añadió que había visto al joven besar las manos de Lama y señaló con un gesto el lugar donde escondía el álbum debajo de sus ropas negras. Me arrojé sobre Lama sin autorización, la registré con dureza y cogí el álbum. Pedí perdón a Dios ante aquellas imágenes licenciosas de hombres sonrientes que mostraban su miembro. Alia me apartó y prometió que le impondría un castigo terrible que nos vengaría a todas y nos devolvería nuestro honor de muchachas decentes y combatientes. No pude seguir escuchando y salí corriendo de la casa de Alia.


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Por Recomendación Librerías Picasso el 30/08/2012

Fragmento seleccionado:

Al verla recorrer la habitación, mirar las fotos de aquel hombre y besarlas, comprendí que estaba tan obsesionada con él que no oía ni una sola de mis palabras. Me largué sin decirle adiós. Lloré por las calles, con el rostro tapado y el velo empapado en lágrimas. Me perdí por las calles como si visitara Alepo por primera vez. Nadie había reparado en mi ausencia; los últimos días había pasado mucho tiempo con Alia, la necesitaba sobremanera y deseaba parecerme a ella. En mi interior había surgido una fuerza extraña que me impulsó a dirigirme en el acto a su casa. Las muchachas allí reunidas se sorprendieron al verme llegar antes de lo previsto y Alia me permitió asistir al juicio de Lama, a quien había denunciado su amiga Unud por esconder un álbum de fotos eróticas debajo del manto. Añadió que se veía con un joven cerca de la facultad de letras todos los martes y jueves por la tarde, después de la clase de versificación. Nos instalamos con gran solemnidad, Unud juró sobre el Corán que diría toda la verdad, añadió que había visto al joven besar las manos de Lama y señaló con un gesto el lugar donde escondía el álbum debajo de sus ropas negras. Me arrojé sobre Lama sin autorización, la registré con dureza y cogí el álbum. Pedí perdón a Dios ante aquellas imágenes licenciosas de hombres sonrientes que mostraban su miembro. Alia me apartó y prometió que le impondría un castigo terrible que nos vengaría a todas y nos devolvería nuestro honor de muchachas decentes y combatientes. No pude seguir escuchando y salí corriendo de la casa de Alia.


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