REVISTA MARGENES ARQUITECTURA N 05

REVISTA MARGENES ARQUITECTURA N 05

Editorial:
MARGENES ARQUITECTURA
Materia
Revistas de arte y arquitectura
Encuadernación:
Rústica

La muerte (incomprensible) en el Museo del Agua de Lanjarón

El Museo del Agua de Lanjarón es una toma de conciencia. Un proyecto de atención al detalle que va desde la escala más cercana, la de la recuperación de un antiguo matadero como museo y la renovación de un molino de agua, a la más ambiciosa, la escala del territorio. Un territorio donde el agua, auténtico patrimonio de Lanjarón, se pone en valor como excusa para ejecutar una elegante pieza de arquitectura que esconde, a su vez, una apuesta más amplia: la preservación del entorno natural a través de un itinerario entre el museo y las infraestructuras de agua tradicionales.

Se puede rastrear este gusto por atender cada detalle en la escala cercana de lo construido: el reciclaje del antiguo matadero para adecuarlo al uso de museo, la limpieza de las piezas arquitectónicas existentes eliminando las adherencias que dificultaban su lectura, la conexión de dichas piezas con los trazados de la acequia y el río a través de un sencillo sistema de láminas de agua reguladas según el horario de riego, la plaza de sombra de los naranjos, el pavimento inundable de madera reciclada de eucalipto, el pabellón de entrada que, como pieza simbólica de toda la actuación, evoca la cubrición del Manantial de la Capuchina, una construcción del siglo XVIII que albergaba en su interior el primer nacimiento de agua en Lanjarón.
Y, sin perder de vista todo esto, se puede también entender la actuación como una apuesta mucho mayor: la lectura, preservación y puesta en valor de un lugar, de un tejido cultural y paisajístico de primer orden, simbolizado en la riqueza del agua.

Todos estos valores cercanos y lejanos han tenido, por suerte, un rápido y extraordinario reconocimiento, entre los que cabe destacar el de la XI Bienal de Arquitectura y Urbanismo de España 2011. Pero más allá de la extensa lista de publicaciones y premios, la claridad de la propuesta del Museo del Agua se hace evidente por sí misma, convirtiendo inmediatamente la intervención en parte de nuestro patrimonio arquitectónico contemporáneo más cercano.

Es por todo esto por lo que la presencia de la muerte, en forma de tanatorio, destruyendo la generosa propuesta del Museo del Agua es del todo incomprensible. 
Es incomprensible que Lanjarón no opte por el valor del agua y de su territorio, encarnado en este Museo, como modo de desarrollo sostenible y de empuje turístico. Incomprensible que el uso de museo se compagine con el de tanatorio, sobre todo en un pueblo pequeño que tiene otras posibilidades para colocar dicho equipamiento si verdaderamente le resultase imprescindible. Incomprensible entender una decisión política que destruye una mirada consciente sobre Lanjarón, su arquitectura y su territorio. Incomprensible que sobre la vida que representa el agua se superponga de nuevo la muerte convirtiendo, como en una broma de mal gusto, el antiguo matadero de animales en tanatorio.

Igual que el agua no olvida sus caminos, de manera que vuelve a recobrar sus cauces naturales aunque se traten de ocultar, sólo cabe esperar que la memoria del agua, en un futuro próximo regrese también al Museo de Lanjarón eliminado el incomprensible destrozo que supone el nuevo tanatorio y recuperando así la cordura perdida