REVISTA MARGENES DE ARQUITECTURA N 4

REVISTA MARGENES DE ARQUITECTURA N 4

Editorial:
MARGENES ARQUITECTURA
Año de edición:
Materia
Revistas de arte y arquitectura
Encuadernación:
Rústica
Colección:
revista margenes arquitectura

101 Reikjavik, el mítico distrito central de la capital islandesa, tiene para muchos un valor patrimonial equiparable a cualquiera de los centros históricos de las capitales nórdicas. Reikiavik, la ciudad que Verne imaginó como un pobre lodazal helado perdido en una continua tempestad es hoy como una excepcional perla arquitectónica y urbanística, luminosa y excéntrica, fuera de todo canon. Reikiavik es, además, una ciudad a escala que carece de monumentos que puedan llamarse tales, al menos según los modelos de ciudad europea. Su tejido residencial menudo y reciente, se extiende en varios núcleos configurando la trama urbana de la ciudad, en su mayor parte perteneciente al siglo XX. Su arquitectura, entre el racionalismo nórdico y la construcción tradicional, conforma un centro urbano moderno, de un elevado estándar de calidad pese (y gracias) a su sencillez, inexistente (e impensable) en cualquier otra capital europea. Desde lo alto, el vivo y variado colorido de los pequeños edificios residenciales sorprende por su osadía. Este atrevimiento de lo no prefijado es una de las características de la ciudad. Ausencia de prejuicios. Ausencia de una pesada carga de historia antigua que mantener, transformar o banalizar.
Lo que funciona en Reikiavik lo hace a causa de su propia rareza. Y como ejemplo, el distrito 101, casco histórico a la vez que contemporáneo, funciona en la ciudad de la misma manera que los centros urbanos de épocas muy anteriores conservados en Europa. Esto nos debe hacer reflexionar acerca del valor relativo de la historia en el ámbito patrimonial. Así, podría afirmarse que esta relativización del patrimonio debería hacerse, no desde la antigüedad del elemento que se valora, sino desde la escala local en la que se matiza. Esta idea, llevada un poco más lejos, nos hace reconocer el valor patrimonial de la arquitectura y el urbanismo como el ejemplo palpable de una época. El patrimonio, lejos de consideraciones estéticas o de la calidad excelsa de su arquitectura, posee un valor intrínseco como registro construido de una época. Algo que siempre debe valorarse en alguna medida, si se entiende la tradición como algo vivo, una cadena en constante ampliación donde cada eslabón es importante por sí mismo.
El gran reto de conservar la riqueza territorial y paisajística de Islandia no debe desligarse del reto no menos complejo de poner en valor su apreciable y extraño patrimonio urbano y arquitectónico.
Reykjavík puede ayudarnos a reflexionar acerca del concepto de patrimonio y de su importancia relativa y absoluta. En Reikiavik, el concepto patrimonial, una vez cambiada la escala, funciona más por la aceptación consensuada del valor simbólico de ciertas estructuras, que por el valor propio objetivable de las construcciones. Algo que bien podría aplicarse a nuestras ciudades históricas de la Europa continental y a su relación con la herencia industrial y el legado del siglo XX, aún en proceso de valoración.
Por todo esto, no es descabellado comenzar a pensar en el 101 de Reikiavik como Patrimonio de la Humanidad.