AMOR EL

AMOR EL. DOS O TRES COSAS SOBRE...

Editorial:
EDITORIAL EL ANGEL
Año de edición:
Materia
Autoayuda varios
ISBN:
978-84-947804-9-3
Páginas:
59
Encuadernación:
Rústica
Colección:
EL ANGEL

Están los que al amor no le ponen límites: Solo conoce el amor quien ama lo imposible... (Johan Wofgang von Goethe); y están los que consideran que el amor nos limita... El ilustre Ortega y Gasset escribió que el amor es un estado de pobreza mental en el que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza. Ilimitado, estrecho de miras y fatal. A Edit Piaff, el destino le robó el amor. Su amado, el boxeador Marcel Cerdán, murió en infortunado accidente, y ella sufrió lo indecible y le dedicó su himno al amor: El cielo puede hundirse sobre nosotros, y la tierra puede abrirse, poco me importa si me amas,...
Ilimitado, estrecho, fatal y una enfermedad. Para Shakespeare, amar es comprar desprecios con lamentos, miradas de desdén con suspiros de dolor, es cambiar por un instante de placer veinte noches de ansiedades y desvelos. El literato habla hasta de locura, pero al autor de estas páginas, José Luis Díaz, no le bastan unas pocas definiciones y busca el amor no importa donde, sea en fábulas, leyendas, en la mitología, la poesía, la narrativa, la música... Sus lectores, página a página, irán descubriendo esas dos o tres cosas impresindibles que hay que saber del amor, como esta pequeña obra maestra anónima del flamenco: Como los raíles del tren, son tu cariño y el mío, uno al laíto del otro, to seguío, to seguío... Porque el amor lo vivimos en pareja, sea la de los medievales Abelardo y Eloisa, la de los italianos Romeo y Julieta, la de los normandos Tristán en Isolda, los griegos Admeto y Alcestes, o la de Eurídice y Orfeo, quienes superan incluso la muerte.
Pero ¿y si el amor no es más que química?, plantea, también, Díaz. Inquietante pregunta llena de desilusiones, como lo es saber que el amor estimula las mismas zonas del cerebro que la cocaína. ¿Es besarse, entonces, una conducta adictiva.? En algunas culturas, léase los mongoles, lo sustituyen por el gesto de olisquear el pelo. Cuesta comprenderlo, pero el hecho es que si un mongol se acerca a alguien y le olisquea el pelo, estamos ante un verdadero caso de flechazo o amor a primera vista
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