SOSTIENE PEREIRA

SOSTIENE PEREIRA. UNA DECLARACION

Editorial:
ANAGRAMA, S.A.
Año de edición:
Materia
Narrativa extranjera o traducida
ISBN:
978-84-339-7611-6
Páginas:
192
Encuadernación:
Rústica
Colección:
OTRA VUELTA DE TUERCA

Lisboa, 1938. En una Europa recorrida por el fantasma de los totalitarismos, Pereira, un periodista dedicado durante toda su vida a la sección de sucesos, recibe el encargo de dirigir la página cultural de un mediocre periódico. Pereira tiene un sentido un tanto fúnebre de la cultura y prefiere la literatura del pasado. Necesitado de un colaborador, contacta con el joven Monteiro Rossi. Y la intensa relación que se establece entre el viejo periodista, Monteiro y su novia Marta cristalizará en una crisis personal, una maduración interior y una dolorosa toma de conciencia que transformará profundamente la vida de Pereira. Una novela magistral que logró la unanimidad de la crítica, los más prestigiosos galardones y la respuesta masiva de los lectores.

«Al final, la literatura puede convertirse en un modo (quizás el único) de combatir y desafiar a la historia» (Pao­lo Mauri, La Repubblica).

«Una verdadera obra maestra» (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia).

«Obra ejem­plar. Una formidable novela política» (Miguel García-Posada, El País).

«La novela que más me ha subyugado en los últimos meses» (Antonio Muñoz Molina).

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el 28.08.2012 Por

Fragmento seleccionado:

A la mañana siguiente Pereira se levantó muy temprano, sostiene, y fue a buscar al padre Antonio. Le encontró en la sacristía de la iglesia, mientras se quitaba los ornamentos sacros. Hacía mucho fresco en la sacristía, en la pared colgaban cuadros devotos y exvotos. Buenos días, padre Antonio, dijo Pereira, aquí me tiene. Pereira, balbuceó el padre Antonio, cuánto tiempo sin verte, ¿dónde te habías metido? Estuve en Parede, se justificó Pereira, he pasado una semana en Parede. ¿En Parede?, exclamó el padre Antonio, ¿y qué hacías tú en Parede? He estado en una clínica talasoterápica, respondió Pereira, tomando baños de algas y curas naturales. El padre Antonio le pidió que le ayudara a quitarse la estola y le dijo: Qué cosas se te ocurren. He adelgazado cuatro kilos, añadió Pereira, y he conocido a un médico que me ha contado una interesante teoría sobre el alma. ¿Has venido por eso?, preguntó el padre Antonio. En parte, admitió Pereira, pero también quería hablar de otras cosas. Habla entonces, dijo el padre Antonio. Verá, comenzó Pereira, es una teoría de dos filósofos franceses que también son psicólogos, sostienen que no tenemos sólo un alma, sino una confederación de almas que está dirigida por un yo hegemónico, y cada cierto tiempo ese yo hegemónico cambia, de manera que alcanzamos una norma, pero no es una norma estable, es una norma variable. Escúchame bien, Pereira, dijo el padre Antonio, yo soy un franciscano, soy una persona sencilla, pero me parece que te estás volviendo un hereje, el alma humana es única e indivisible, nos la ha dado Dios. Sí, replicó Pereira, pero si en lugar de alma, como dicen los filósofos franceses, ponemos la palabra personalidad, entonces ya no hay herejía, estoy convencido de que no tenemos una única personalidad, tenemos muchas personalidades que conviven bajo la dirección de un yo hegemónico. Me parece una teoría capciosa y peligrosa, objetó el padre Antonio, la personalidad depende del alma, y el alma es única e indivisible, tus palabras huelen a herejía. Sin embargo yo me siento distinto desde hace algunos meses, confesó Pereira, pienso cosas que nunca habría pensado, hago cosas que nunca habría hecho. Te habrá pasado algo, dijo el padre Antonio. He conocido a dos personas, dijo Pereira, un chico y una chica, y quizá he cambiado al conocerlos. Eso suele ocurrir, dijo el padre Antonio, las personas nos influyen, suele ocurrir. No sé cómo pueden influirme, dijo Pereira, son dos pobres románticos sin futuro, en todo caso tendría que influirles yo a ellos, yo les ayudo, es más, al chico prácticamente le mantengo yo, no hago más que darle dinero de mi bolsillo, le he contratado como ayudante, pero no me escribe ni un solo artículo que sea publicable, escúcheme, padre Antonio, ¿cree que me vendría bien confesarme? ¿Has cometido pecados contra la carne?, preguntó el padre Antonio. La única carne que conozco es la que llevo encima, respondió Pereira. Pues entonces escucha, Pereira, concluyó el padre Antonio, no me hagas perder el tiempo, porque para confesar tengo que concentrarme y no quiero cansarme, dentro de un rato tengo que ir a visitar a mis enfermos, hablemos de cualquier cosa, de tus cosas en general, pero no bajo confesión, sino como amigos.


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Por Recomendación Librerías Picasso el 28/08/2012

Fragmento seleccionado:

A la mañana siguiente Pereira se levantó muy temprano, sostiene, y fue a buscar al padre Antonio. Le encontró en la sacristía de la iglesia, mientras se quitaba los ornamentos sacros. Hacía mucho fresco en la sacristía, en la pared colgaban cuadros devotos y exvotos. Buenos días, padre Antonio, dijo Pereira, aquí me tiene. Pereira, balbuceó el padre Antonio, cuánto tiempo sin verte, ¿dónde te habías metido? Estuve en Parede, se justificó Pereira, he pasado una semana en Parede. ¿En Parede?, exclamó el padre Antonio, ¿y qué hacías tú en Parede? He estado en una clínica talasoterápica, respondió Pereira, tomando baños de algas y curas naturales. El padre Antonio le pidió que le ayudara a quitarse la estola y le dijo: Qué cosas se te ocurren. He adelgazado cuatro kilos, añadió Pereira, y he conocido a un médico que me ha contado una interesante teoría sobre el alma. ¿Has venido por eso?, preguntó el padre Antonio. En parte, admitió Pereira, pero también quería hablar de otras cosas. Habla entonces, dijo el padre Antonio. Verá, comenzó Pereira, es una teoría de dos filósofos franceses que también son psicólogos, sostienen que no tenemos sólo un alma, sino una confederación de almas que está dirigida por un yo hegemónico, y cada cierto tiempo ese yo hegemónico cambia, de manera que alcanzamos una norma, pero no es una norma estable, es una norma variable. Escúchame bien, Pereira, dijo el padre Antonio, yo soy un franciscano, soy una persona sencilla, pero me parece que te estás volviendo un hereje, el alma humana es única e indivisible, nos la ha dado Dios. Sí, replicó Pereira, pero si en lugar de alma, como dicen los filósofos franceses, ponemos la palabra personalidad, entonces ya no hay herejía, estoy convencido de que no tenemos una única personalidad, tenemos muchas personalidades que conviven bajo la dirección de un yo hegemónico. Me parece una teoría capciosa y peligrosa, objetó el padre Antonio, la personalidad depende del alma, y el alma es única e indivisible, tus palabras huelen a herejía. Sin embargo yo me siento distinto desde hace algunos meses, confesó Pereira, pienso cosas que nunca habría pensado, hago cosas que nunca habría hecho. Te habrá pasado algo, dijo el padre Antonio. He conocido a dos personas, dijo Pereira, un chico y una chica, y quizá he cambiado al conocerlos. Eso suele ocurrir, dijo el padre Antonio, las personas nos influyen, suele ocurrir. No sé cómo pueden influirme, dijo Pereira, son dos pobres románticos sin futuro, en todo caso tendría que influirles yo a ellos, yo les ayudo, es más, al chico prácticamente le mantengo yo, no hago más que darle dinero de mi bolsillo, le he contratado como ayudante, pero no me escribe ni un solo artículo que sea publicable, escúcheme, padre Antonio, ¿cree que me vendría bien confesarme? ¿Has cometido pecados contra la carne?, preguntó el padre Antonio. La única carne que conozco es la que llevo encima, respondió Pereira. Pues entonces escucha, Pereira, concluyó el padre Antonio, no me hagas perder el tiempo, porque para confesar tengo que concentrarme y no quiero cansarme, dentro de un rato tengo que ir a visitar a mis enfermos, hablemos de cualquier cosa, de tus cosas en general, pero no bajo confesión, sino como amigos.


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